REEDICIÓN

OBLÓMOV

IVÁN A. GONCHAROV

(Alba - Barcelona) 

En cierta oportunidad E. M. Cioran observó que toda la Rusia zarista sufría de tedio. En parte dicha hiperbólica afirmación la hizo tras releer Los demonios, de Dostoievski -su novela predilecta-, y muy en especial Oblómov, la obra maestra de Iván A. Goncharov (1812-91), acaso uno de los libros decimonónicos más intensos de la literatura rusa.

Aparecida por entregas en 1859, Oblómov narra la historia de un joven y desvalido terrateniente, cuando, sumido en la soledad y aislamiento de su casa de San Petersburgo, alcanza uno de los momentos más claros y conscientes de su vida: la fatal convicción de que lo que hizo hasta entonces pierde sentido, por lo tanto, no hay posibilidad alguna de permanencia o trascendencia. Así, un sentimiento trágico de vacuidad absoluta le domina por completo. Su pensamiento y voluntad quedan paralizados, padeciendo una indiferencia patológica que lo lleva a postergar cualquier intento de acción. De hecho, rara vez abandona su despacho rodeado por un mar de papeles sin atender; deudas que se acumulan. Su fiel criado Zajar y numerosos amigos le aconsejan viajar al extranjero; rodearse de amigos; divertirse… Pero él, abúlico, aplaza cualquier cambio. Inventa cualquier excusa para disuadirlos. Ilía Ilich ha perdido el hábito de moverse, de vivir, de ver gente, de hacer algo, cualquier cosa. Precisamente por su incapacidad para dedicar su tiempo a una actividad seria y productiva no puede integrarse a la existencia. ¿Para qué molestarse? Tumbado en un diván, pasa las horas elucubrando, ha perdido el entusiasmo por todo. “¿Cuándo va a vivir uno?, ¿cuándo?”, se pregunta inútilmente dando un largo bostezo. Oblómov “no hacía más que pensar y pensar”, leemos.

A través de los capítulos, notamos cómo el desmotivado y cansado protagonista neutraliza cualquier intento de realización. No le gusta hacer planes, aplaza iniciativas, posterga tareas, demora todo objetivo por más mínimo que éste sea. Los abismos del tedio se abren frente a él. Estamos ante un espíritu impasible, apático por vocación. Oblómov es un exquisito retrato psicológico construido con precisión sobre los defectos de una nobleza rusa profundamente hastiada.

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Augusto Munaro